martes, 21 de agosto de 2012

Tarde de fuego - Poema original Rosa Maria Vargas




Tarde de radiación incandescente
abro mis manos y con ellas moldeo este poema,
y tú no estás.. pero pienso en ti, eres mi locura,
y te creo, y te siento, y me rozas,
y te sorprendo, y tú te muestras poderoso, indiferente y a la vez tierno.

Dejame que rasgue con mis manos las vestiduras de tu alma
dejame llegar a tu tierno corazón y fundirme en un abrazo con él.
Dejame besarlo, dejame curar heridas de antes, te he encontrado.
Dejame.

Deja que un amor muy hondo, un amor de fuego ardiente 
como el sol que te calienta esta tarde
te lleve hacia mis manos, hacia las mismas manos que arden cuando te escriben estos versos
versos llenos de amor y de deseo,
versos nacidos como fulgurantes estrellas de fuego.
De fuego de volcán que arrasa,
como arrasador te presentaste ante mí una noche del mes de agosto.
Dejame, dejame.

O dejame cálida, haciendome sentir la mujer que vive en mi
sonriente como ese guiño de universo entero
como ese atomo que todo lo contiene
como el amor que todo lo desborda,
esa tempestad que me ha desbordado ya. 
Ese amor en plenitud mezcla de divino y de carnal.

Dejame que te piense como ese río sereno, 
no puedo imaginarte
y te convierto en remolino.
Dejame que nuestro amor fluya por cada poro de nuestro ser de luz
dejame que haga girar hasta la última partícula de mi ser.
Que gira y quema, que quema y fluye, 
para ser tempestad 
y si no me puedes dejar, mar en calma de nuevo seré.
Agua y fuego, tierra y aire. 
Tú y yo y la tarde que pasa inexorablamente.
Necesito verte, escucharte o comerte a besos. 
Me muero por verte
Mañana al despertar, sino te he visto 
¿Quién sere mañana?

Rosa Maria Vargas 20.8.2012 


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